viernes, 22 de mayo de 2015

026 - Genial (2.004)


Reiner Knizia, creador entre otros de Modern Art, Samurai y Keltis, ha sido el creador de este juego abstracto, con una mecánica de colocación de fichas en un tablero con casillas exagonales, donde cada ficha colocada puede beneficiar a tu contrario al igual que a ti, por lo que cada momento de la partida se vive intensamente. 

La versión de Devir que tengo en mis manos tiene unos vistosos componentes y un tablero recio y duro. Las fichas de plástico y la bolsa de tela son magnificas, y no dan lugar a dudas con los colores.

El juego se puede jugar a 2 jugadores perfectamente, es más, creo que es más táctico cuando sólo tienes enfrente a un jugador, y más caótico mientras más jugadores haya en mesa. Pero vamos, que el juego admite tanto 2, 3 o 4 jugadores.

¿Duración? Pues la verdad es que los cuarenta y cinco minutos aproximadamente que dura se me hacen cortos, incluso nos gusta repetir más de una partida durante una tarde.

Pero vamos al meollo de la cuestión y lo importante. Antes de empezar, se coloca en el centro de la mesa el tablero de juego, donde se van a ir colocando las fichas. Luego, cada jugador coge un tablero personal, de tamaño más pequeño, donde se van a ir anotando los puntos que se obtienen en cada color, a parte de coger una especie de regla donde colocar las fichas que tienes, para no tenerlas en la mano. La verdad es que viene de lujo para no andar dando vueltas a las fichas sin saber que poner, de esta forma, tienes todas las fichas a la vista. Por último, cada jugador roba sus correspondientes fichas y a comenzar.

Las fichas se pueden ir colocando en el tablero, siempre pegada a otra ya existente. Como el dominó. Al principio, no hay ninguna ficha colocada, pero en el tablero hay pintadas cinco fichas, cada una de un color, que representan una ficha en sí, y por lo tanto, se pueden colocar nuevas pegadas a ellas. 

Por lo que cada turno, el jugador en cuestión colocará una sola ficha de su mano en el tablero, y a continuación le tocará al otro, y así sucesivamente hasta que ya no se puedan colocar más fichas sobre el tablero. Las fichas no tienen que ir pegando color con su color, aunque es beneficioso para uno mismo, si no que se pueden colocar tanto el mismo color, como colores diferentes. Esto hace que en ningún momento un jugador se quede sin jugar por no poder poner fichas. 

Una vez colocada una ficha, que siempre muestran dos colores, uno a cada punta de ésta, se recuenta el número de fichas que estén pegando a esta del mismo color, en todas direcciones. Por cada ficha, se obtiene un punto en ese color. Al principio es difícil de ver todos los puntos que se obtienen al color una ficha en el tablero, pero la experiencia de varias partidas os darán la visión necesaria para verlo de una pasada. 

Por lo que podéis deducir, si yo coloco una ficha con un lado Amarillo en línea con 7 fichas amarillas, ganaré 7 puntos. Pero mi contrincante, al añadir yo la amarilla en cuestión, como él coloque una ficha amarilla seguida a la mía, obtendrá 8 puntos. Es esta la cuestión principal del juego. Mientras más puntos hagas o quieras hacer, más puntos puede sacar tu contrincante, a no ser que quieras cerrar colores, por lo que ni tú ni él os podréis beneficiar de los puntos. 

Después de muchas partidas, la verdad es que me he dado cuenta de que la dificultad de saber jugar bien al juego es alta, y para mi ha sido muy original y refrescante encontrarme un juego abstracto de estas características. Así que os lo recomiendo porque es bastante interesante. 

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